Archive for April, 2011

19
Apr
11

Contra la satanización de las drogas, por Vivian Abenshushan (via malversando.blog)

Básicamente es pasar de un problema de seguridad nacional a un problema de salud. De un problema de represión a uno de elección. Claro, la represión no requiere educación, al contrario, le estorba; sin embargo, la elección inteligente, la requiere. Libertad y educación: otra vez ese binomio que tanto ha ayudado al hombre: no sé por qué lo olvidamos tan a menudo.

por Vivian Abenshushan [[tomado de facebook]] Paso el domingo leyendo periódicos, como no hacía desde hace años. Una lectura bipolar: voy de la indignación, al desconsuelo, al entusiasmo. Me parece importante, por lo pronto, que la sociedad mexicana, que apenas despierta, siga discutiendo sobre su escalofriante situación actual, aunque no comparto todos los argumentos. Por ejemplo, le respondo aquí a Heriberto Yépez, a quien leo con interés, a ve … Read More

via malversando.blog

15
Apr
11

Conmoverse

Sobre los melancólicos, Immanuel Kant, en Lo bello y lo sublime, dice lo siguiente:

“No se llama melancólico a un hombre porque, sustrayéndose a los goces de la vida, se consuma en una sombría tristeza, sino porque sus sentimientos, intensificados más allá de cierto punto dirigidos, merced a determinadas causas en una falsa dirección, acabarían en esta tristeza más fácilmente que los de otros. Este temperamento tiene, principalmente, sensibilidad para lo sublime. Aun la belleza, a la cual es igualmente sensible, no le encanta tan sólo, sino que, llenándole de asombro, le conmueve.”

Sí, puede ser. Pero no sólo los melancólicos tienen esa sensibilidad para lo sublime –tampoco es que el filósofo de Königsberg haya insinuado esa exclusividad, lo sé–. No es particular de los melancólicos que la belleza no sólo les encante sino que les conmueva. Sí, yo a veces puedo gozar de la melancolía, ese intenso estado de salmuera dulce, pero no creo eso me convierta en un espíritu melancólico. Y tampoco soy de la opinión de que sea por esa capacidad de disfrutar de vez en cuando de la melancolía que yo también sea ultrasensible a lo sublime y me deje conmover por la belleza.
En realidad, más bien, soy un hombre que se deja conmover en, prácticamente, cualquier estado de ánimo. Que cree que la vida es más rica, más amplia, más profunda si uno se vuelve vulnerable y se deja conmover. Vivo creyendo que ese estado de conmoción es un estado único, uno de tantos que parece distinguirnos de otros seres vivos y que, a la vez, nos humaniza. Por eso elijo dejarme conmover.
Pero no sólo la belleza me conmueve, también los actos de solidaridad, por ejemplo. Los actos de soporte emocional, esas pequeñas heroicidades que se hacen con el gusto de compartir la vida con alguien, sea un amigo, un familiar o tu pareja. La grandeza del universo –o para el caso de la mar– comparada con la sutil contingencia de mi existir, también es motivo de conmoción cabalgante. Cada uno de nosotros puede repasar su lista.
Y dicho sea de paso, esto, lejos de ser una debilidad, la considero una prueba de fortaleza, una señal de poder resistir y aprovechar el huracán de la vida y salir más rico, más nutrido de la experiencia profunda. Me parece que es al revés, justo los espíritus débiles no se atreven a ser vulnerables porque les da miedo quebrarse en el trance. Por otro lado, quizá decir debilidad sea una forma muy burda de describir el asunto. Quizá en algunos se trata de que en su estructura psicológica no han creado –o han olvidado– un buen lugar para guardar esas experiencias, para guardar ese tipo de tesoros y por ello, mejor se alejan de ahí. Vaya, casos y causas hay muchas.
Por el momento dejemos a los que no se conmueven inconmovibles y celebremos nosotros, los hijos de la sensibilidad, que la conmoción sensible existe y que podemos disfrutarla, que podemos vivir a través de ella mucho más intensamente.

15
Apr
11

Invictus

Justo en estos momentos complicados, mi amiga Elo me compartió este poema victoriano de William Ernest Henley (1849–1903), quien lo escribió en 1875 para publicarlo hasta 1888. Representa una bocanada de viento que me recuerda en dónde está fundamentada mi decisión de existir y cómo existir día con día.

Invictus

Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.

11
Apr
11

Hilary Hahn + Bach